Gracias al historiador Tony Perrottet ha sido posible descubrir una faceta nueva y sorprendente de la revolución cubana; cómo nació la cocina en las montañas bajo una situación de guerrillas.

Pero lo más sorprendente es saber que algunos guerrilleros fueron los autores de los diferentes platillos, que por cierto no eran muchos y tampoco muy apetitosos, pero como reza el dicho “La necesidad tiene cara de perro”. La comida era una de las obsesiones durante los inicios de la revolución.

De esa forma nació un subgénero literario, porque los autores de cada platillo, en los cortos tiempos de descanso, se dedicaron a redactar con todo detalle la preparación de sus recetas, y así llegó a nosotros la “Cocina de guerrilla”.

Debido a la escasez de alimentos durante los años 50, la dieta de los guerrilleros en la Sierra Maestra consistía exclusivamente en plátano verde salcochado, y convertido en una especie de puré, sazonado con mantequilla y sal, que no era muy aceptado, pero no tenían otra opción.

Debido a la necesidad, empezaron a surgir otros platillos como “salchicha al estilo guerrilla”, creado por Raúl Castro; consiste en cortar unas salchichas en rodajitas y saltearlas con unas cucharaditas de miel, el zumo de limón y un poco de ron.

Pero el platillo sensacional de los guerrilleros era la serpiente asada. Atrapaban una boa, y después de cortarle la cabeza dejaban que drenara la sangre, luego le retiraban la piel y las tripas para luego cortarla en trozas y asarla.