Hay un famoso dicho en Cuba, "sin azúcar no hay país". Y este es un excelente resumen de la relación entre los dos. Sin embargo, la caña de azúcar no siempre floreció en el Caribe. De hecho, los orígenes del cultivo en Cuba se remontan a Oriente Medio y a menudo se atribuye a Cristóbal Colón el haberla traído de allí a las Islas Canarias y luego a las Antillas. Luego toda esa producción se canalizó y exportó a Estados Unidos debido a la invasión norteamericana a la astilla.

A principios de los 60 del siglo XX se produjo un cambio drástico en la dirección de la industria cubana de la caña de azúcar. El ascenso al poder de Fidel Castro en 1959 vio como gran parte del azúcar importado por los EE.UU. de Cuba se trasladó a la URSS y a China. A mediados de los 60, la Unión Soviética, uno de los mayores consumidores de productos de caña de azúcar del mundo, acordó comprar millones de toneladas de azúcar de Cuba en los próximos años. Esto aseguró la estabilidad del mercado y dio lugar a algunas de las mayores cosechas de caña de azúcar que el país había visto nunca, alcanzando un máximo de 8,5 millones de toneladas en 1970 y simbolizando una perspectiva triunfal para la industria.

El colapso de la Unión Soviética en 1991 supuso una caída general del comercio internacional en Cuba. La producción de caña de azúcar, una de las principales exportaciones del país, seguía siendo una prioridad, aunque con un enfoque refinado de la producción. Para 2002, el Gobierno cubano había racionalizado la industria y en los 15 años siguientes ésta se mantuvo estable en medio de la agitación agrícola.

Avanza rápidamente hasta el 2017 y la industria está funcionando muy bien. Los avances tecnológicos y una temporada de fuertes lluvias en 2016 han visto un saludable aumento de la producción, con los agricultores y economistas por igual optimista sobre las perspectivas de la caña de azúcar cubana.