Que si el nombre es el producto de la venta que hizo un buen y humilde señor de sus ropas más antiguas para reunir algún dinero y darle de comer a los hijos; que si, a falta de alimento en casa, otro cocinó la ropa que ya no usaba para ingerirla y el resultado fue un alimento milagroso y delicioso (leyenda)… Total, hay más versiones.

Cualquier restaurante cubano ofrece Ropa Vieja en su menú; existe variedad de preparaciones según la provincia, tradición familiar y país donde estemos, lugares que le aplican otros nombres. Ropa Vieja es la combinación de diversos ingredientes, consecuencia de buscar ahorro y reciclar todo el alimento posible, antes que nada la valiosa proteína cárnica que no debe desperdiciarse; así que, la sobrante, era recalentada, picada de forma menuda (desmenuzada) y mezclada con garbanzos y/o arroz, mostrando un aspecto parecido a los “handrajos”, lo que contribuiría al nombre actual del plato si es relacionado con la cultura sefardí, que así lo llamaba.

Ropa Vieja es preparado con carbe bovina (tipo falda; también sirven la espaldilla y sobrebarriga), hervida con condimentos (ajo, cilantro, laurel, tomillo, clavo de olor...). Usando el caldo del hervido, se desmecha y guisa con un sofrito de cebolla, ají dulce, pimiento rojo y verduras picadas en cuadritos. Luego se agrega tomate, huevo y rodajas de morcilla. En otros países, y en distintas provincias cubanas, la carne, arroz y garbanzos son acompañados con papatas fritas, frijoles, plátano frito (o tostones), ensalada de legumbres, aguacate y, como hay algún guiso en el fondo de esta delicia, métale pan al plato... un manjar completo.

Si preparan Ropa Vieja en casa o en restaurante, dispóngase a disfrutar de un ambiente previo de olores irresistibles por agradables; prúebelo, y diga como los cubanos: “¡Le zumba el merequetén!”.